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Los miedos infantiles

 

El miedo es una de las emociones primarias, como la alegría o la tristeza. Todas ellas aparecen durante el desarrollo normal de cualquier persona en cualquier cultura. Tienen la misión de ayudarnos a sobrevivir, orientar nuestra conducta y favorecer la relación de unas personas con otras. 

 

Es importante comprender que los seres humanos nacemos y nos desenvolvemos en contextos sociales. No podríamos sobrevivir de forma aislada, dado que al nacimiento nuestras competencias son muy limitadas, pero poco a poco vamos desarrollando posibilidades de interacción con los que nos rodean, sobre todo con las personas más allegadas que nos cuidan. La sonrisa, los lloros y sus variantes tienen distintos significados y eso permite llamar la atención de quien nos cuida. Al principio el recién nacido  no diferencia los límites entre él  el resto de la cosas que lo rodena. A medida que pasan las semanas y los meses va descubriendo su cuerpo. A lo largo de esta evolución. el niño se mueve en un mundo caótico y necesita ciertas seguridades. Ante la separación de sus padres llorará por el miedo a perder a esa persona que le da la seguridad que necesita. En este momento todo lo que está presente existe, pero no tiene la capacidad de imaginar la existencia de las cosas que no ve.

Tenemos que tener en cuenta que los niños perciben e interpretan el mundo que los rodean de forma muy distinta a como lo hacemos los adultos. Cualquier cometario, actitud de preocupación, inseguridad, discusión, reacción ansiosa sobresalto, etc. será interpretada por el niño como señal de alarma, como miedo a perder a su cuidador.

Ya desde los 7-8 meses experimenta miedo o desconfianza ante personas que no conoce, cosas o situaciones que no le son familiares.

Sobre los 2 años aparecen miedos a animales (que muerden, comen, persiguen) y a la oscuridad.

Sobre los 3- 4 años surgen los miedos a personajes desconocidos : fantasmas, brujas, monstruos, a los que sigue acompañando la oscuridad.

La oscuridad es el equivalente a la soledad. El niño se siente más vulnerable y menos capaz de soportarla, estimula su ansiedad de base por la separación de su madre o su padre.

¿Qué pueden hacer las madres/padres frente a los miedos de sus hijos?

1- La Actitud de calma, serenidad y seguridad que ofrecen los padres es fundamental para que un miedo no se mantenga durante mucho tiempo, evitando situación de sobreprotección, que lo único que consigue es afirmar al niño en la justificación de su miedo.

2- No podemos enfadarnos ni ridiculizar al niño ante una situación de miedo. Debemos escucharlo, darle la oportunidad de expresar lo que siente y ofrecerle explicaciones tranquilizadoras que lo convenzan de que es un miedo infundado.

3- Debemos prestarle la atención justa, no debemos convertirlo en un tema de preocupación prestandole excesiva atención porque en ese caso el niño entenderá que es un tema serio.

4- El modelo de los padres es importante. Los niños pueden observar como sus padres se enfrentan a esa situación que les causa miedo con seguridad, demostrándole que no ocurre nada, o bien observando a otros niños que reciben un premio cuando se enfrentan a esa misma situación.

5- Es preciso darle tiempo suficiente para que estos miedos vayan desaparenciendo, sin presionarlo ni forzarlo bruscamente a enfrentarse a la situación temida, aprovechando cada pequeña aproximación a esa situación para premiarlo. ( Ejemplo del miedo a la oscuridad: dormir con la luz encendida y la puerta abierta, dormir con la luz de una lampara y la puerta abierta, dormir con un muñeco luminoso, estrellas fosforescentes…)

 

Lo que no debemos hacer es llevarlo a nuestra cama y dejarlo dormir con nosotros. Tiene que afrontar sus miedos con nuestra ayuda, pero no evitarlos, porque de esta forma solo conseguiremos que la situación se prolongue durante mucho tiempo.

  • Recordemos que son miedos evolutivos y que desaparecerán con el paso del tiempo. Si no fuera así y la respuesta a esa situación fuera angustiosa para el niño y se prologara, deberíamos consultar con un especialista.

José Fernández López

   Psicopedagogo